JAVIER MÁRQUEZ VALDERRAMA[1]
La negativa del Congreso nacional de darle curso al Referendo por el Derecho al agua como bien público, coloca al ambientalismo colombiano ante retos imperativos. Aquí la opinión de uno de los impulsores de esta dinamica: los objetivos, el camino a seguir, las tareas prioritarias.
Esta es una impresión personal sobre la IX Asamblea Nacional en Defensa del Agua y de la Vida, realizada en Bogotá el pasado 5 de junio Impresión que sólo me compromete a mí.
El evento se da en un momento crítico, entre la primera y la segunda vuelta presidencial, en medio de la tristeza por la situación actual de nuestro país.
En la Asamblea afirmé cierta encrucijada para el ambientalismo profundo. Nos movemos entre el verde pálido de un partido de facciones y ambientalista sólo de nombre. Ojalá el denominativo y el pertenecer a la Asamblea Internacional Verde ayuden a trascender lo electoral y un verde sin ambientalistas. Y una cumbre que se convoca para Guaduas, donde se da cita el corporativismo ambiental, las organizaciones que contratan con la institucionalidad de gestión pública ambiental, también organizaciones de esas que maquillan la acción depredadora de muchas empresas privadas con “responsabilidad ambiental”, las organizaciones del “capitalismo ecológico”. Y claro, ambientalistas históricos, activistas y organizaciones de lo que hoy denomino ambientalismo profundo, que con seguridad denunciaran la catástrofe, y enunciaran la resistencia.
Esta vez no asisto a Guaduas por una razón: hay que mirar hacia abajo, un ambientalismo desde abajo. En tiempos de reconstitución de valores y resistencias es necesario construir nuevas confluencias. No se puede seguir autorreferenciádonos y olvidarnos de valores de ecología profunda, más vigentes hoy, y eso supera lo corporativo, lo político electoral y lo partidista, y nos reta a hacer y permanecer en movimiento.
