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martes, junio 08, 2010

AGUA, NI VALOR DE USO NI VALOR DE CAMBIO: VALOR VITAL

Ensayo para proponer otro valor en el análisis económico
Esperanza Cerón Villaquirán

El agua es elemento constitutivo de toda biología, todo cuando vivo es en el Planeta,  está compuesto en su mayoría de agua. Hoy sabemos que solo el 2,5% de toda la inmensa cantidad del preciado líquido es agua dulce, es decir la que precisamos los humanos y toda la biomasa terrestre para existir.  No obstante dicha agua se encuentra fuertemente contaminada en todo el mundo por la acción irracional de un modelo de desarrollo que ha puesto equivocadamente los énfasis en la explotación y no en la sinergia con la naturaleza.


No es posible realizar ningún proceso biológico, agrícola, industrial, comercial, social, cultural, minero o de cualquier índole humana que no implique usos de agua. Se podría decir  a lo largo de la historia de todas las civilizaciones, que no hay economía sin agua.
En algún momento de la historia humana la economía como actividad fue tornándose en el centro de toda explicación y casi único móvil individual y colectivo. El problema radica en que de producir para vivir bien, se pasó a  vivir o sobrevivir para producir. En este camino, sociedades otrora cooperativas se dividieron según los distintos niveles de acumulación: excedentes de cosecha, tierras, animales, esclavos, mujeres, cualquier cosa que pudiese representar un valor a la manera humana. A medida que fuimos adentrándonos en la modernidad, léase  el reino de la razón instrumental (Horkheimer, 2004), se fue pasando de la acumulación real a la virtual, y hoy la economía se mueve sobre números que no tiene representación real en ninguna parte.
            La modernidad se caracterizó al decir de Boaventura de Sousa Santos (Santos, 2002) por partir de un contrato social donde la naturaleza quedó excluida, dado que se la consideró objeto y no sujeto del desarrollo, y a los humanos como “externos” a ella. Por esa vía las ideas de economía, progreso, desarrollo, se montaron sobre un presupuesto que a la postre ha resultado falso. Hoy sabemos que la naturaleza somos todos y estamos interconectados en formas tan visibles que se hicieron invisibles ante la ambición desmedida. El agua, el aire, el suelo, la biomasa, todo hace parte de una intrincada red donde los humanos nos encadenamos en un delicado balance que ya se ha roto en varios nudos del espacio/tiempo, poniendo en riesgo no al planeta sino al mundo que hemos construido sobre premisas androcéntricas.
            Queremos intentar una reflexión específica sobre el agua en un momento en el cual la carencia del líquido y su contaminación en el mundo es tema de las agendas públicas, y que en nuestro país los legisladores han dado la espalda a la voz popular que exigía un Referendo por el agua para declararla como bien público y derecho humano fundamental.
           

Del valor de uso
El valor de uso se ha definido como la utilidad o capacidad que posea una cosa, mercancía o sustancia para satisfacer una necesidad humana y/o de la sociedad. Se dice del valor de uso de cualquier cosa en cuya naturaleza existan propiedades físicas, químicas y otras propiedades naturales que se precisen para la vida. Estas pueden ser  producidas por la actividad humana o ser propias de la naturaleza: aire, agua, suelo, biomasa (Borísov).

miércoles, diciembre 16, 2009

HACIA UNA NUEVA ETICA DEL AGUA Por Javier Marquez

Presentación
Cuando iniciamos la campaña en defensa del agua como bien público asumimos varios retos a la vez. El primero tiene que ver con la renovación y recuperación del estudio y el debate político ambientalista, que pasa por la recuperación del pensamiento producido por nuestros/as pensadores/as en todos los campos del saber y del conocimiento científico, del conocimiento básico de nuestro paisaje, sus ecosistemas y culturas, base nutricia de los movimientos sociales desde la perspectiva de la ecología política; y por la construcción de propuestas que promuevan el buen vivir de todos y todas, y ello sólo es posible si comprendemos nuestros vínculos orgánicos con los territorios que habitamos y sus bienes comunes. Óscar Olivera sintetiza muy bien el imperativo que nos reta, cuando dice que no puede haber protesta sin propuesta.
El otro reto, es evidente, nos pone como ambientalistas cara a cara con otros movimientos políticos y sociales de Colombia y el mundo, y nos insta a hablar de manera clara y propositiva de acuerdo con nuestra perspectiva, sin pretender que sea “la perspectiva”. Exige un esfuerzo de escucha, tolerancia, comprensión, y deliberación muy bien argumentadas. La campaña en defensa del agua como bien público tiene en su haber un primer gran logro, cuando puso en la agenda de país la defensa de este bien común, y si bien se puede decir que estamos apenas en los comienzos de la gran deliberación nacional que se ha suscitado, ya es un tema ineludible en la perspectiva de la construcción concertada de una política nacional, colombiana, del agua, hecha por el pueblo soberano, con la participación creativa de los más amplios sectores sociales de Colombia.
Con certeza este proceso nos llevará, nos está llevando, a la construcción social de movimientos con inusitadas y creativas maneras de acción social y política, capaces de unir en un propósito nacional la gran diversidad de procesos, redes, plataformas, organizaciones y comunidades. Hombres y mujeres de toda Colombia se vinculan desde sus terruños a este propósito de defensa del agua como bien común y derecho humano, y se hacen arte y parte de los movimientos mundiales que resisten a la globalización económica capitalista.
Desde el comienzo de la campaña en defensa del agua como bien público, sentí que habíamos elegido un camino certero para repensar nuestra acción, nuestra propia ecología política, que tiene que tener como base una ética ambientalista apropiada a nuestra historia y a nuestra realidad presente.
En este texto, sin muchas pretensiones académicas, mas sí ideológicas y políticas, quiero expresar la urgencia de una ética del agua como base de nuestra actuación en la defensa de los bienes comunes y en la construcción de nuevas relaciones entre los seres humanos, y entre las sociedades y las comunidades con la naturaleza que nos contiene orgánicamente y nos permite ser y estar en el mundo.
Javier Marquez: Antropólogo. Miembro fundador de la Corporación Ecológica y Cultural “Penca de Sábila”.