Presentación
Cuando iniciamos la campaña en defensa del agua como bien público asumimos varios retos a la vez. El primero tiene que ver con la renovación y recuperación del estudio y el debate político ambientalista, que pasa por la recuperación del pensamiento producido por nuestros/as pensadores/as en todos los campos del saber y del conocimiento científico, del conocimiento básico de nuestro paisaje, sus ecosistemas y culturas, base nutricia de los movimientos sociales desde la perspectiva de la ecología política; y por la construcción de propuestas que promuevan el buen vivir de todos y todas, y ello sólo es posible si comprendemos nuestros vínculos orgánicos con los territorios que habitamos y sus bienes comunes. Óscar Olivera sintetiza muy bien el imperativo que nos reta, cuando dice que no puede haber protesta sin propuesta.
El otro reto, es evidente, nos pone como ambientalistas cara a cara con otros movimientos políticos y sociales de Colombia y el mundo, y nos insta a hablar de manera clara y propositiva de acuerdo con nuestra perspectiva, sin pretender que sea “la perspectiva”. Exige un esfuerzo de escucha, tolerancia, comprensión, y deliberación muy bien argumentadas. La campaña en defensa del agua como bien público tiene en su haber un primer gran logro, cuando puso en la agenda de país la defensa de este bien común, y si bien se puede decir que estamos apenas en los comienzos de la gran deliberación nacional que se ha suscitado, ya es un tema ineludible en la perspectiva de la construcción concertada de una política nacional, colombiana, del agua, hecha por el pueblo soberano, con la participación creativa de los más amplios sectores sociales de Colombia.
Con certeza este proceso nos llevará, nos está llevando, a la construcción social de movimientos con inusitadas y creativas maneras de acción social y política, capaces de unir en un propósito nacional la gran diversidad de procesos, redes, plataformas, organizaciones y comunidades. Hombres y mujeres de toda Colombia se vinculan desde sus terruños a este propósito de defensa del agua como bien común y derecho humano, y se hacen arte y parte de los movimientos mundiales que resisten a la globalización económica capitalista.
Desde el comienzo de la campaña en defensa del agua como bien público, sentí que habíamos elegido un camino certero para repensar nuestra acción, nuestra propia ecología política, que tiene que tener como base una ética ambientalista apropiada a nuestra historia y a nuestra realidad presente.
En este texto, sin muchas pretensiones académicas, mas sí ideológicas y políticas, quiero expresar la urgencia de una ética del agua como base de nuestra actuación en la defensa de los bienes comunes y en la construcción de nuevas relaciones entre los seres humanos, y entre las sociedades y las comunidades con la naturaleza que nos contiene orgánicamente y nos permite ser y estar en el mundo.
Javier Marquez: Antropólogo. Miembro fundador de la Corporación Ecológica y Cultural “Penca de Sábila”.